viernes, 24 de enero de 2014

LAS AULAS DEL SIGLO XXI: ¿SABES CÓMO DEBERÍAN SER?

Un aula que haya evolucionado al siglo XXI ha de ser un entorno productivo, en el que los estudiantes puedan desarrollar las habilidades que necesitarán en sus futuros lugares de trabajo y en la que los profesores sean facilitadores de su aprendizaje. El enfoque propio de un aula del siglo XXI estará centrado en que los estudiantes puedan experimentar un ambiente similar al que se encontrarán como trabajadores de hoy en día; en el desarrollo de habilidades de pensamiento de orden superior, de comunicación efectiva y de colaboración, haciéndolos adeptos al uso de la tecnología y desarrollando las demás capacidades que les serán necesarias en sus lugares de trabajo.

Las prácticas educativas de las aulas tradicionales ya no son eficaces y los maestros deben desarrollar nuevas estrategias de enseñanza, que son radicalmente diferentes de las utilizadas en las aulas tradicionales. El aula de hoy en día debe estar más centrada en los estudiantes, mientras que los profesores deben tomar el papel de facilitadores y guías en lugar de ser meros proveedores de conocimientos.

Deben asegurarse de que se involucran a sus estudiantes en el aprendizaje y les proporcionan una instrucción efectiva, usando una variedad de métodos, siguiendo diferentes enfoques pedagógicos ayudados con la tecnología. Deberían ser participantes activos en su propio aprendizaje, buscando un desarrollo profesional que mejore su rendimiento y el aprendizaje de sus alumnos.

Las 10 principales características de un aula del siglo XXI son:

Paidocéntrica:
En estas aulas, los estudiantes tienen un papel activo en su aprendizaje y sus profesores sirven como meros guías. Éstos son más facilitadores del aprendizaje que personas que exponen conocimientos. Ayudan a los estudiantes a pensar críticamente y a aprender haciendo, actuando como un recurso que facilita a sus alumnos a descubrir y dominar nuevos conceptos. Un entorno de clase centrado en los estudiantes pone los intereses de éstos primero, centrándose en las necesidades, habilidades y estilos de aprendizaje de cada uno.

Uso de dispositivos digitales:
Las computadoras u otros dispositivos digitales están fácilmente disponibles en las aulas modernas, ya que son herramientas esenciales para los estudiantes del siglo XXI y reemplazan muchos de los procedimientos de papel y lápiz. La tecnología no sólo da a los estudiantes los medios para llevar a cabo investigación en línea y dominar las habilidades de la tecnología que necesitan, sino que también da a los maestros la oportunidad de mejorar sus lecciones. La capacidad de operar con destreza una computadora es una habilidad crítica del siglo XXI. Los ordenadores y otros dispositivos digitales, son de gran ayuda en la enseñanza y el aprendizaje y los hacen más atractivos y eficaces.

Aprendizaje activo:
En las aulas modernas, los estudiantes participan activamente en lo que aprenden, trabajando en grupos o en equipos y proyectos completos y otras actividades interesantes que les ayudan a descubrir nuevas habilidades. Los estudiantes pueden aprender de forma activa al hablar y escuchar, escribir, leer y reflexionar. Cuando los estudiantes son animados a adquirir un interés activo en el aprendizaje, son más propensos a retener el conocimiento que han acumulado. 

Aprendizaje adaptativo:
Cualquier clase siempre tendrá estudiantes con diferentes tipos de habilidades y capacidades, lo que a menudo hace que sea difícil para los profesores asegurarse de que todos entienden los conceptos que han de aprender. El enfoque moderno del aprendizaje adaptativo da a los estudiantes la libertad de aprender a su propio ritmo y en la forma en la que se sientan más cómodos. Hay varios tipos de software disponible para el aprendizaje adaptativo que los profesores pueden utilizar para mejorar el aprendizaje de sus estudiantes.

Entorno acogedor:
Las aulas modernas no deben ser agobiantes o estar abarrotadas. Deben tener el material básico necesario para la enseñanza, como pizarras interactivas y proyectores LCD. También se puede adoptar un enfoque BYOD (Bring-Your-Own-Device), por lo que los estudiantes pueden traer sus ordenadores portátiles o tabletas a las aulas para facilitar un aprendizaje más personalizado. La enseñanza con material tecnológico es más eficaz, estimula la participación del estudiante, facilita el trabajo de los profesores y facilita a los estudiantes a centrarse en su propio aprendizaje.

Los estudiantes entienden y siguen las reglas y procedimientos:
El ambiente de aprendizaje está cuidadosamente planificado y bien organizado. Las reglas de clase, los procedimientos y las comunicaciones de las próximas actividades se publican en lugares convenientes para ayudar a los estudiantes a permanecer en la onda. Se alienta a los estudiantes constantemente para recordarles sus objetivos y responsabilidades. Siguen rutinas de clase y entienden lo que se espera que logren cada día y cómo se supone que deben hacerlo.

Respeto mutuo: 
Los profesores y los estudiantes siempre deben tenerse respeto mutuo. Como ahora el papel de los profesores ya no va a ser el de "el sabio en el escenario", los estudiantes no deben olvidar cuál es el valor de sus profesores, ya que siempre recibirán orientación y guía de ellos. Además, los profesores deben alentar a los estudiantes a hablar con confianza y valorar sus opiniones. En un ambiente bien disciplinado, los estudiantes deben también cooperar y respetar a sus compañeros de clase.

Los estudiantes asumen la responsabilidad de su propio aprendizaje:
Como los estudiantes son animados a participar activamente en su propio aprendizaje, se convierten en responsables del mismo. Se auto-dirigen, no sólo se animan unos a otros, sino que también trabajan con su profesor para lograr los objetivos académicos y de comportamiento que ellos mismos han ayudado a establecer. Los maestros deben emplear una variedad de estrategias para promover la toma de decisiones responsables y crear estudiantes autosuficientes. 

Evaluaciones basadas en el rendimiento:
Las evaluaciones regulares basadas en el rendimiento se llevan a cabo por los profesores a través de diversos métodos, que no se limitan a exámenes o tests. Pueden realizarse ser mediante cuestionarios y otras formas de comprobación. Los profesores pueden utilizar los proyectos, así como otros productos y trabajos como procesos de evaluación que les ayuden a determinar los logros y las necesidades de los estudiantes. Las evaluaciones se adaptan a las capacidades y necesidades de éstos.

Aprendizaje colaborativo:
El aprendizaje a través de la colaboración es una de las formas más eficaces de aprendizaje. La enseñanza y el aprendizaje en el aislamiento son muy restrictivas y obstaculizan el progreso. El trabajo en grupos aumenta el alcance del aprendizaje y desarrolla el pensamiento crítico. Actividades de colaboración, con este fin, incluyen la escritura colaborativa, proyectos en grupo, resolución conjunta de problemas, debates y mucho más. El aprendizaje colaborativo redefine la relación tradicional estudiante-profesor en el aula.

La tecnología juega un papel importante en el desarrollo de todas estas características para las aulas modernas. Estas aulas mejoran las experiencias de aprendizaje y preparan a los estudiantes para la educación superior y la actividad laboral.

Página de Javier Turón "Talento y Educación"

http://www.javiertouron.es/

martes, 17 de diciembre de 2013

PROPÓSITO PARA EL NUEVO AÑO: CREER EN LOS DEMÁS

Cuenta Anthony Robbins cómo en la escuela tuvo un profesor de oratoria que, un buen día, le dijo que quería verle después de la clase. El chico se preguntaba si habría hecho algo malo.

Sin embargo, cuando hablaron, el profesor le dijo: “Señor Robbins, creo que usted tiene  condiciones para ser un buen orador, y quiero invitarle a un certamen de oratoria con otras escuelas”.

Robbins no pensaba que poseyera ninguna capacidad especial como conferenciante, pero su profesor lo decía con tal seguridad que no dudó en creerle y aceptó. Aquella sencilla intervención de aquel profesor cambió la vida de ese chico, que en pocos años llegó  a ser uno de lo más valorados talentos de la comunicación, con un gran prestigio internacional. Aquel profesor hizo una cosa pequeña, pero logró cambiar la percepción que ese chico tenía de sí mismo.

La imagen que cada uno tiene de sí mismo es en gran parte reflejo de lo que los demás piensan sobre nosotros. O, mejor dicho, la imagen que cada uno tiene de sí mismo es en gran parte reflejo de lo que creemos que los demás piensan sobre nosotros.

No puede olvidarse que esa imagen es una componente real de la propia personalidad, que regula en buena parte el acceso a la propia energía interior, o incluso crea esa energía. Es un fenómeno que puede observarse con claridad, por ejemplo, en los deportes. Los entrenadores saben bien que en determinadas situaciones anímicas, sus atletas rinden menos. Cuando una persona sufre un fracaso, o se encuentra ante un ambiente hostil, es fácil que se encuentre desanimado, desvitalizado, falto de energía. En cambio, cuando un equipo juega ante su afición, y ésta le anima con calor, los jugadores se crecen de una forma sorprendente. También lo experimental los corredores de fondo, o los ciclistas: pueden estar al límite de su resistencia por el cansancio de una carrera muy larga, pero una aclamación del público al doblar una curva parece ponerles alas en los pies.

Nuestra energía interior no es un valor constante, sino que depende mucho de lo que pensemos sobre nosotros mismos. Si no me considero capaz de hacer algo, me resultará extraordinariamente costoso hacerlo, si es que llego a hacerlo. Hay que pensar que la opción del desánimo tiene también su poder de seducción, y que el derrotismo y el victimismo se presentan para muchas personas como algo realmente sugestivo y tentador.

Y en esto también se puede adquirir hábito. El tono vital optimista o pesimista, el sesgo favorable o desfavorable con el que vemos nuestra realidad personal, también es algo que en gran parte, se aprende, algo que en lo que cualquier persona puede adquirir un hábito positivo o negativo.

Desarrollar la autoestima, es decir, una equilibrada estimación de uno mismo, es algo muy necesario, para lo que es preciso tener una buena percepción de uno mismo. Si uno confunde eso con dejarse esclavizar por su imagen, equivoca el camino; pero si logra crear una imagen positiva de sus propias capacidades, sin duda éstas rendirán mucho más.

Por eso creer en los demás tiene efectos que muchas veces son sorprendentemente positivos. Todos respondemos conforme a las sinceras expectativas que otros tienen de nosotros. Si probamos durante un tiempo a tratar a alguien con mayor consideración y afecto, a creerle capaz de mejorar su carácter o su rendimiento; si nos esforzamos, en definitiva, por verle con mejores ojos- quizá más inteligente y más capaz de lo que ahora lo vemos-, es bien probable que esa persona acabe siendo mucho mejor de lo que ahora es.

Todos hemos pasado alguna vez por pequeñas crisis, por momentos en los que nos faltaba un poco de fe en nosotros mismos, y quizá entonces encontramos a alguien que creyó en nosotros, que apostó por nosotros, y eso nos hizo crecernos y superar aquella situación. Goethe escribió: trata a un hombre tal como es, y seguirá siendo lo que es;  trátalo como puede y debe ser, y se convertirá en lo que puede y debe ser.


Alfonso Aguiló



¡Feliz Navidad y Próspero 2014!

viernes, 22 de noviembre de 2013

UNA MIRADA A LA RUPTURA DE PAREJA EN LA SOCIEDAD ACTUAL


Por Vicente Garrido Genovés. Profesor Titular de la Universidad de Valencia, Doctor en Psicología y Diplomad en Criminología. Asociado de Honor de la Asociación Viktor E. Frankl.

Cualquiera diría que la mayor prosperidad, en términos generales, que ha vivido España en los últimos decenios, con el desarrollo de la cultura y la economía en el marco de Europa, hubiera tenido una correspondencia por lo que respecta al trato respetuoso en los conflictos personales.

Pero si observamos las pautas de actuación en esos mismos años de las personas que han decidido divorciarse, vemos que, lejos de imponerse el sentido común, el litigio y el desacuerdo llega casi a la mitad de los casos, por lo que cabría concluir que aprender a divorciarnos de forma “amistosa y civilizada” es todavía una asignatura pendiente para un gran número de españoles.

El hecho de que la crisis económica haya supuesto una ligera disminución en el número de divorcios en relación con los años anteriores, no habla en favor de una mayor tolerancia como una tendencia asumida de evolución positiva, sino que ilustra bien cómo determinadas influencias externas (la dificultad de que dos personas puedan sobrevivir en casas separadas, en este caso) pueden ser muy relevantes a la hora de tomar decisiones de naturaleza personal e íntima. No obstante, esa mayor capacidad de aguantar la relación puede ser beneficiosa, si permite a los cónyuges hacer un mayor esfuerzo para solucionar los problemas, antes de darse por vencidos.

Lo cierto es que ese esfuerzo por resolver los problemas o, al menos, por hacer que el divorcio no sea un proceso doloroso y conflictivo es, en realidad, una exigencia que debería asumir todo cónyuge.

Hoy en día sabemos que hay dos grandes factores que se relacionan con el bienestar del niño: el trato amoroso y adecuado que recibe el niño en cada hogar (y sobre todo en el hogar que tiene la custodia), y la relación que los padres mantienen después de la ruptura: cuantos más conflictos hayan entre ellos, más problemas de ajuste en el niño. Los efectos son diversos dependiendo de la edad y capacidad de resistencia psicológica de los hijos: en la infancia es el apego emocional lo más valioso a proteger, mientras que en los años posteriores es el aprendizaje de una buena autoestima en el marco de un estilo de crianza que aumenta su capacidad para desenvolverse en el mundo, es decir, la escuela, los compañeros, etc. Pero cada etapa tiene sus necesidades, y si bien un adolescente tiene más recursos para hacer frente a una relación conflictiva, también es cierto que en esos años los chicos precisan de un modelo a quien admirar y de unas normas que les ayuden a sentirse seguros mientras se abren a nuevos escenarios.

Conviene señalar, en este sentido, que hay veces que un padre desea a toda costa hacerlo bien, mientras que el otro, por tener una personalidad anómala o muy difícil, sólo busca sus propios intereses, y con frecuencia se esfuerza en dañar o molestar al excónyuge. En tales casos la parte benevolente debería no claudicar ante exigencias nocivas para ella o sus hijos, y hacer lo posible, con su abogado, para que el juez, ayudado por el equipo psicosocial que le aconseja, pueda poner freno a esos comportamientos. Esto, por desgracia, no siempre es fácil, porque hay comportamientos sutiles y episodios pasados que son difíciles de probar: cónyuges con rasgos de psicopatía pueden poner las cosas muy complicadas, pero debemos confiar en que al final la relación del padre o madre cabal con su hijo podrá preservarse. Lo fundamental es no caer en la provocación, disponer de un buen abogado, y negociar las mejores opciones en cada momento.

Por fortuna, la gran mayoría de los excónyuges son personas normales, si bien sujetas a la influencia negativa de las emociones. En particular, aquellos que presentan el “síndrome del corazón roto” sufren mucho, porque no querían acabar la relación, y la otra persona le abandona.

Este síndrome se caracteriza porque el que lo padece siente un profundo desgarro interior, y padece síntomas importantes de depresión, en ocasiones incluso manifestaciones propias de un estrés postraumático. Piensa que la vida ya no merece la pena sin la persona amada, y puede reaccionar con ira ante la perspectiva del divorcio, o bien abandonarse y no pelear por llegar a un acuerdo justo para sus intereses o el de sus hijos. Sin embargo, por desgracia, no podemos hacer que la otra persona nos quiera, porque eso es algo que no podemos controlar, por mucho que la amemos. Es la vida, y aceptar ese hecho es el comienzo de la recuperación.

Un ejemplo de la importancia de que los padres que se divorcian lleguen a un acuerdo razonable y amistoso lo tenemos en el aumento de la violencia de los hijos a los padres, lo que yo denomino “el síndrome del emperador” (o emperatriz). El fundamento de ese incremento es la mayor dificultad que tienen en la actualidad los padres para educar a los hijos, porque nunca habíamos tenido una sociedad tan tóxica como la actual, donde, entre otras cosas, sucede que hay una enorme cantidad de modelos violentos consumibles a cualquier hora por los chicos, su acceso al alcohol y las drogas ha ido ampliándose, la autoridad de los profesores y adultos en general ha ido disminuyendo, al tiempo que el ideal de “ser y mantenerse joven” ha permeabilizado la filosofía moral de nuestro tiempo. Todo esto ha quitado autoridad y capacidad de influencia a los padres, los cuales, además, tienen que enfrentarse a unas circunstancias laborales mucho más estresantes que las de años atrás, porque la precariedad y las exigencias para conservar el lugar de trabajo han ido en aumento. Si a esto añadimos que los divorcios y separaciones son muy numerosos, tendremos el perfil de muchas de las víctimas de este maltrato: madres, en particular separadas, ejerciendo de cabeza de familia.

En efecto, son las madres las más afectadas por la violencia de sus hijos, hasta tal punto que es otra forma de maltrato hacia la mujer. Frente a esto la sociedad no dispone de otra respuesta que el juzgado, ya que la atención infanto-juvenil en salud mental está muy poco desarrollada y los padres difícilmente obtienen lo que necesitan cuando van a este servicio. Y esto es lo que explica que ahora vayan más casos a los juzgados: el aumento es real. Sin embargo, es cierto que una vez que la atención de los medios se pone en este problema se animan a denunciar padres que antes no lo harían; es un efecto de imitación, pero que responde al hecho de que cuando la situación se ha vuelto insostenible los padres van a donde sea. Y ocurre que ahora hay muchos más padres en esa situación de los que había anteriormente. Por consiguiente, los padres divorciados deben ser conscientes de que la labor de educar no debe verse entorpecida por esa ruptura, y hacer lo posible para que los hijos crezcan con un buen desarrollo moral. Los padres con “inteligencia educacional” son capaces de amoldar las nuevas circunstancias al bienestar del niño, generando estrategias para que su seguridad emocional y su aprendizaje del mundo no se vean dañados o interrumpidos.


Un divorcio, aunque una experiencia dolorosa, no tiene por qué ser una etapa con un resultado negativo. También marca nuevos desafíos y oportunidades, y no sólo me refiero a un nuevo amor (el cual no es siempre posible), sino a nuevas perspectivas para enfrentar el tiempo que nos queda. Estancarse en las miserias de una relación rota es guardar un luto permanente que nos ancla para siempre al pasado. Hay que cambiar esta actitud, porque la vida no espera, y siempre debemos de procurar que nuestra existencia tenga un sentido.

martes, 5 de noviembre de 2013

¿ES MI HIJO DE ALTAS CAPACIDADES?

Un niño con Alta Capacidad es aquel que entre otras características, presenta un cociente intelectual superior, creatividad muy desarrollada, solución a problemas y motivación intrínseca al aprendizaje.

PISTAS PARA RECONOCERLO

·           Comienza A hablar antes de lo habitual con un vocabulario complejo, y con oraciones bien construidas.

·           Realiza preguntas inusuales.

·           Presenta un alto nivel de creatividad, imaginación y fantasía.

·           Tiene pensamientos divergentes (se les ocurren muchas cosas y soluciones para los problemas).

·           Lee y escribe antes de lo que corresponde a su edad.

·     Adquiere los conocimientos con mayor rapidez y eficacia. Posee una gran memoria.

·           Presenta una amplia gama de intereses.

·     Frente al aprendizaje es curioso ante lo que supone un reto, persistente hasta llegar al final y se aburre con las tareas simples o repetitivas.

·   En su relación con los demás, es más sensible a las necesidades y sentimientos de las personas.

·           Son independientes y autocríticos.

·       Alrededor de un 3% de la población escolar es superdotada, de los cuales el 70% tiene un bajo rendimiento académico y un 45% sufre fracaso escolar.

En los centros escolares se pueden realizar pruebas para determinar las capacidades de sus alumnos, y es muy importante que se los detecte cuanto antes ya que si no se les dirige bien, pueden sufrir falta de comprensión de los adultos y amigos que le rodean y fracaso escolar.
La escuela es uno de los ámbitos más importantes en la educación de un niño. Si este niño es superdotado o presenta unas capacidades intelectuales elevadas, se hace imprescindible que la educación escolar se adecue a las necesidades de esta persona.

La adaptación Curricular responde a estas necesidades educativas especiales. Esta estrategia educativa trata de individualizar los procesos de enseñanza y aprendizaje introduciendo modificaciones en la profundidad y la extensión de los contenidos académicos y también en la metodología de trabajo que se utiliza.


La escuela debe ser adaptativa y responder de forma individualizada a las necesidades de cada uno de sus alumnos.


sábado, 12 de octubre de 2013

MIEDO A LAS MATEMÁTICAS

Las matemáticas son una asignatura básica para el desarrollo intelectual pues ayudan a los niños a razonar de forma lógica y ordenada, abren la mente, aumentan la concentración y les enseñan a pensar.

Y sin embargo, ¿por qué tantos alumnos perciben las matemáticas como difíciles y aburridas?

Según los expertos la clave para triunfar es aprenderlas bien desde el principio, comprendiéndolas, acercándolas a la realidad de la vida cotidiana, haciéndolas accesibles para todos, creativas, dando sentido al aprendizaje, sin olvidar que  para ello es imprescindible la constancia y el esfuerzo.

Es fundamental que los alumnos entiendan absolutamente todo y evitar que vayan pasando de curso sin entender lo que hacen,  cuando un niño no puede seguir las clases, si vive una constante frustración por no comprender, su autoestima cae y es cuando afirma que no le gustan las matemáticas, en cambio si avanza poco a poco pero de forma constante, verá como mejora, comprenderá lo que hace y llegará a dominar la materia. Por otra parte hay que perder el miedo a equivocarse, ya que de los errores se aprende.

Según Marta González Rodríguez (profesora de matemáticas de secundaria y bachillerato) la signatura de matemáticas es la base de los campos avanzados. No sólo hay enseñar cuál es la fórmula de la resolución de la ecuación, sino cómo se llega a ella, porque en matemáticas casi todo tiene un porqué y es importante que los alumnos lo averigüen. Los alumnos deben aprender a pensar y reflexionar sobre los problemas que se les plantean y esto lleva su tiempo, al instituto se va a intentar subsanar las dificultades que hayan tenido al hacer los deberes en casa y darles las pautas para que  ellos mismos encuentren sus errores. Es importante incentivar y motivar a los alumnos con retos y desafíos que, aunque no estén el  programa, les ayuden a despertar su curiosidad.

Recomendamos:

Tu hijo puede ser un genio de las mates de Juan Medina y Fernando Blasco. Editorial Temas De Hoy.